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Es el fin del mundo... ¡Llámala y déjala ir!

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Es el fin del mundo... ¡Llámala y déjala ir!

Mensaje por KenshinCroft el Mar Mar 15, 2016 10:14 pm

¡Saludos gente! Dejo aquí otro drabble. Este lo basé en la película "Inocencia Interrumpida". Hace meses vi nuevamente la película, pero puse más atención y esta escena, fue la que se quedó, jejeje. Espero lo disfruten.

Título: Es el fin del mundo... ¡Llámala y déjala ir!
Autor: KenshinCroft
Fandom: Basado en la película "Inocencia interrumpida"
Clasificación: +12 años
Nota: Aquí les dejo la canción que se escuchaba en la película:
Spoiler:


Es el fin del mundo… ¡Llámala y déjala ir!

En la planta alta cantaba Skeeter Davis “El fin del mundo”. Lisa increpó en voz alta que la canción se había repetido ya varias veces. Me acerqué con cautela a las escaleras, el gato de Daisy yacía unos cuantos escalones arriba. Movía su cola igual al ritmo de unos bucles que se desenrollan con suavidad. Daisy era muy delicada con sus cosas y no permitiría que dos chicas como Lisa y yo, en especial Lisa, nos siguiéramos aprovechando de su hospitalidad, ya que, muy pocos eran dignos de conocer su mundo. Además, anoche, ella y Lisa habían sostenido una buena discusión. Era razonable imaginar a Daisy descender por las escalaras con tanta determinación para sacarnos de su casa… Y aún más, por las crudas palabras de Lisa: “No te liberaron, se dieron por vencido… Cambiaste la escena, pero es la misma situación. Sigues comiendo ese maldito pollo. ¿Y cómo te ayuda tu padre a sobrellevarlo? ¿Mm? Todos saben lo que te hace… Y saben que te gusta”, le espetó Lisa.

La luz le daba un toque aterrador a las escaleras. Subí despacio, el gato hizo lo mismo.

--¿Daisy?—pregunté.

Llamé a su puerta, supuse que era su habitación porque de ahí provenía la música. Estaba entreabierta. Abrí luego de tocar dos veces. La cama deshecha, la ventana cerrada, y un toca discos que repetía lo mismo. No había señales de Daisy. Una gélida brisa me recorrió la espalda y acarició mi corazón.

Torcí un poco los labios. Volví a la oscuridad, el gato raspó con su pata, una puerta que se trazaba frente a mí. Tuve miedo, no quería avanzar más, pero era necesario hablar con Daisy.

--¿Daisy? ¿Daisy?—alcé la voz.

Me armé de valor y abrí la puerta… ¡Fue terrible! El cuerpo de Daisy colgaba en medio del cuarto de baño, tenía una sábana en su cuello.
Me deshice en lágrimas. Me cubría la boca, no quería alterarme. Lisa se hallaba de pronto, en la misma sala. No se vio afectada por la situación. Creí que le parecía satisfactorio ver el cadáver de Daisy en esa condición.
Llamé a la policía. Apenas pude hablar. Lisa se acercó al cadáver, inspeccionaba las bolsas del pijama de Daisy.

--Necesitamos el dinero. —Dejó los billetes en el bolso de mi chaqueta. —Ahora vámonos, ¿o prefieres ser estúpida? … Bien, sé una estúpida. –Terminó.

No podía dejar a Daisy ahí. Tampoco pude contenerme, las lágrimas continuaron cortando mi voz. Skeeter Davis cantaba, una y otra vez: “¿Por qué mi corazón sigue latiendo? … ¿Por qué mis ojos están llorando? … ¿Acaso no saben que es el fin del mundo?”.
De pronto, escuché una voz distinta a la de Skeeter… Sonaba más suave. Se mezclaba con la música. Limpié mis lágrimas.

Mi padre me ama. Yo tengo una vida, una oportunidad.

-¿Quién es? ¿Quién habla? –Pregunté alterada.-¿Daisy? ¿Daisy eres tú?—limpié de nuevo mis lágrimas y me puse pie, mirando hacia las escaleras. Caminé un poco y me detuve de golpe, Daisy subía e hizo un alto al verme. Todo mi cuerpo se estremeció.

-¿Todavía estás aquí? ¿Vas a decirles lo que Lisa dice de mí?—Me refutó.

-No, yo no… -le respondí con esfuerzo.

-Yo me curé, pude salir de ese lugar. –Decía mientras se acercaba a mí. –Yo tuve una oportunidad y una vida, tengo una vida.-Me sujetó del brazo. -Ese maldito Valium, lo tomo de vez en cuando, y mi padre sabe cuánto me fascina el pollo, por eso no puedo decirle que no. Él me ama. –Presionó su mano sobre mi brazo. –Él me ama como cualquier padre ama a su hija. ¿Vas a juzgarme igual que ella? ¿Vas a hacerlo?

-¡No, yo no…! Por favor Daisy… ¡Esto no está sucediendo! ¡Es mentira! ¡No es verdad, no es verdad! –Decía entre lágrimas, mientras sujetaba mi cabeza con mis manos.

-¿No es verdad? –Sonrió. Luego caminó hacia el baño. Se detuvo frente al cadáver. –Qué se diviertan en Florida. –Terminó con la voz ahogada.

Cerró la puerta y pude escuchar sus alaridos, que luego se apagaron conforme perdía el aliento.

Un viento terriblemente frío se introdujo en mi cuerpo. No podía seguir ahí, Daisy estaba muerta y luego la vi frente a mí… Tomé al gato y salí de la casa, con el alma a punto de abandonarme.
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